Por: Irving Virgüez (abogado) - En los últimos meses se ha notado con mucha preocupación la creciente ola de linchamientos y violencia en las calles, contra presuntos ciudadanos señalados de cometer fechorías y actos delictivos; y se marca una línea muy fina entre linchamiento y violencia callejera porque son dos términos similares; el linchamiento viene a componer toda una acción colectiva de carácter ilegal, que ejerce castigo físico sobre la víctima hasta el punto de poder provocar su muerte, en respuesta a actos o conductas de ésta, mientras que la violencia callejera, aunque sigue el mismo canal de agresión, no culmina con la muerte del individuo. Pero lo que preocupa, no sólo el acto en sí, sino la brutalidad con que se cometen estos hechos, y más allá, la impunidad con que actúan los órganos de seguridad de Estado al no poder impedir estos hechos delictivos.
Estos sucesos son mostrados a nivel internacional por medios de comunicación de gran alcance y por redes sociales, como señal de que en Venezuela impera la ley de la selva y reina la anarquía.
Causa horror observar cómo muchos panas se muestran entre sí el video que corre por Youtube de un hombre quemado vivo en Catia, como evidencia del circo sangriento al que acuden los curiosos y del que se aprovechan los vivos de la política: sobretodo la oposición
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Desde el punto de vista antropológico, la hipótesis utilizada para explicar el fenómeno del linchamiento en Venezuela es la reacción o respuesta a la inseguridad y a la real o alegada negligencia de ciertas autoridades en impartir justicia contra los delincuentes. Es por ello que el Estado Revolucionario debe enfrentar este fenómeno de manera radical, atacando todo aquello que trastorna nuestra sociedad, haciendo especial énfasis en la transformación cultural verdadera, entendiendo que cultura no es necesariamente “folklore”, sino el conjunto de valores que nos definen ideológica y conductualmente como sociedad.
En este sentido, debe impulsarse la formación para el análisis crítico de la sociedad y de los medios de comunicación, desde las escuelas, con el fin de atacar la cultura del consumo en exceso, los hábitos tradicionales de la comodidad, del cortoplacismo, del relajo, una cultura en la que nadie es responsable de nada y donde el poder coercitivo del Estado se ve mermado por la impunidad e ineficiencia de los funcionarios policiales, también deformados históricamente por la corrupción que afecta al país con fuerza desde el inicio de la cuarta república.
Debe impedirse, por todos los medios, que la gente tome la justicia por sus propias manos por 4 razones fundamentales:
1. Venezuela está en el ojo del huracán, y por lo tanto todo delincuente linchado será mostrado a nivel mundial como símbolo de un estado fallido.
2. El socialismo es vida y no muerte.
3. Las instituciones de control y seguridad ciudadana no pueden, bajo ninguna circunstancia, verse desprestigiadas por su inacción y su incapacidad de actuar oportunamente contra el delito y el crimen organizado. El desprestigio de la policía y de la instancias jurídicas y sancionatorias del delito sólo incentiva al violento a cometer sus actos, sabiéndose más hábil que la justicia para actuar.
4. Bolívar decía que la anarquía devora sociedades y sistemas; no debemos permitir que la violencia se escape de las manos de quienes deban disminuirla hasta erradicarla. De igual forma, los ciudadanos, más allá de la impotencia propia que genera la inacción policial, deben comprender que la justicia es un acto responsable y asumirla con el “ojo por ojo” nos convierte en cómplices de la sociedad descompuesta en la que pretenden convertirnos.
Que no vuelva a ocurrir, que mientras la gente camine por Catia, se encuentre con un hombre quemándose vivo, a plena luz del sol; y por su parte, que la gente que camine por Catia, no corra el peligro de ser atracada ante la mirada cómplice de un funcionario de seguridad.
Artículo original de: www.mensajedirecto.com.ve



