Por María Gabriela Rodríguez - Abro los ojos, busco el teléfono, ojeo el reloj digital: son las 7:09 am, ¡voy tarde!
Mis labores diarias inician a las 7:30 minutos de la mañana, pero esta vez me agarró la hora y aún estoy casa. El niño duerme, el agua del tanque está cerrada y debo avisarle a mi jefa que voy a llegar retrasada. ¿Qué puedo decirle? Decido ser honesta y hablar con la verdad por delante: algo pasó con la alarma, que no sonó, ¿o alguien en casa me la apagó? ¡Ni modo!
El punto positivo es que es día de cobro de quincena, la cual tengo comprometida para pagar deudas, por supuesto. Desde que la economía de mi país ha sido saboteada por los “poderosos”, se han agudizado nuestros problemas; los de los trabajadores, los del proletario que patea la calle desde muy temprano por este país, porque además reconocemos que más allá de un enriquecimiento personal, trabajamos por esta tierra que pare Libertadores e ideas de igualdad y soberanía.
Mi rutina empieza: bajo casi 100 escalones, camino una cuadra, agarro una camioneta por puesto, luego me monto en otra que me deja cerca de mi lugar de trabajo. Al llegar, prendo la computadora, no sin antes dar los buenos días. ¡A trabajar se ha dicho!
En el transcurso de la mañana, ingreso a la banca en línea para certificar que he recibido mi pago por nómina. Efectivamente, me pagaron, pero me toca hacer una transferencia.
Veo a mi alrededor y la mayoría de mis compañeros están igual, o peor que yo, cobran, pagan, se endeudan con el banco, sacan cuentas y, de paso, se hacen la pregunta más angustiante: "¿Qué voy a comer en la noche?"
Con esa interrogante en la cabeza, comienzo a redactar -trabajo en un medio de comunicación-, sin dejar de pensar "¿cuándo parará esta situación?". Mi preocupación viene acompañada de una idea irónica. Pienso: ¡Y todavía hay gente que cuestiona el socialismo, apelando al capitalismo, sin entender que es justamente ese sistema el que nos tiene en crisis!
Al culminar mi jornada laboral recibo en el teléfono el mensaje de un compañero, con el que mantengo discusiones políticas serias, en las que a veces coincidimos y en otras ocasiones no:
“Acá un aporte para la formación del pueblo organizado en CLAPs, comunas, consejos y demás expresiones de poder popular... A propósito del debate actual, recogemos elementos fundamentales del Legado del Comandante Chávez...”, reza la cadena, que viene acompañada de un enlace a un video.
Al culminar mi jornada laboral recibo en el teléfono el mensaje de un compañero, con el que mantengo discusiones políticas serias, en las que a veces coincidimos y en otras ocasiones no:
“Acá un aporte para la formación del pueblo organizado en CLAPs, comunas, consejos y demás expresiones de poder popular... A propósito del debate actual, recogemos elementos fundamentales del Legado del Comandante Chávez...”, reza la cadena, que viene acompañada de un enlace a un video.
Hago click, y me consigo con el Comandante Chávez y sus aleccionadoras reflexiones sobre el socialismo y la propiedad privada:
Decidí enumerar las ideas que consideré más importantes de la compilación audiovisual:
- “Sigo convocando a este pueblo al Socialismo, ese es el camino a la dignificación del ser humano de la sociedad humana… de la patria humana”.
- “El Marxismo es sin duda la teoría más avanzada en la interpretación científica de la historia de la realidad concreta de los pueblos, es sin duda la más avanzada propuesta hacia el mundo que Cristo vino a anunciar hace más de dos mil años… el reino de Dios, de la igualdad, de la paz del amor, el reino humano”.
- “La historia de la humanidad, es la historia de la lucha de clases ¡yo lo creo firmemente! aquí en Venezuela nuestra batalla es una expresión de la lucha de clases”.
- “El pueblo, la clases populares, los pobres contra los ricos y viceversa, con sus matices y sus escalas intermedias, es una lucha de clases”.
Llego a casa, enciendo el televisor y escucho un importante anuncio del presidente de la república: “He decidido aumentar el salario mínimo y todas las tablas de salarios de trabajadores públicos a nivel nacional, Fuerza Armada Nacional Bolivariana a un 50 % a partir del primero de septiembre para todos los trabajadores del país”.
Se trata, nada más y nada menos, del tercer aumento salarial del año, como medida de protección para el pueblo, al que el empresariado privado y los comerciantes especuladores vulneran a diario con increibles alteraciones en los precios de los productos, bienes y servicios que ofertan.
No es poca cosa un incremento de 50% en los sueldos y salarios de los trabajadores de un país rentista y monoproductor que enfrenta una crisis económica, enmarcada en un inestable escenario petrolero que ha llevado al crudo a 30 dólares el barril.
Pese a ello, a partir del 1 de septiembre, el salario mínimo pasará de 15 mil 052 bolívares a 22 mil 578 bolívares mensuales, mientras que el Ticket de Alimentación, se ubicará en 42 mil 480 bolívares. Proteger el salario de los trabajadores es socialismo, es justa redistribución de la riqueza. Especular luego de semejante medida social es un crimen que sólo puede ser perpetrado por capitalistas.
Desesperado a veces, firme y constante siempre, el pueblo venezolano parece no estar jamás desamparado. Un aire de esperanza me embarga. Tenemos un modelo definido y un camino claro para la diversificación económica y hacia la equidad social. Urge levantar nuestra moral para encarar lo que está por venir.
“La pelea es peleando, la guerra es guerreando”, ese es el verdadero socialismo.
Artículo original de: www.mensajedirecto.com.ve


