Por Rafael Ortega Rondón (Psicólogo clínico) - Para una gran parte de los venezolanos la historia del 11 de abril de
2002 es conocida, principalmente porque la vivió de alguna manera ya sea
de forma directa o indirecta. En esa fecha ocurrió la puesta en marcha
de una tramoya montada por el Departamento de Estado del imperio
norteamericano, en asociación con el gobierno ultraconservador de España y
organizaciones internacionales de ultraderecha y la mediática
internacional cartelizada, quienes, financiando y utilizando a las
cúpulas empresariales, sindicales y religiosas, organizaciones políticas
nacionales de derecha, Organizaciones no gubernamentales, medios de
comunicación masivos, sectores de la juventud estudiantil de clase media,
elementos paramilitares o mercenarios, la policía metropolitana,
militares corruptos con ansias de poder y agrupaciones de izquierda
radical aliadas a la burguesía nacional, lograron mover una masa crítica
de personas a quienes inicialmente sembraron el odio, el rencor y sed
de venganza, para posteriormente utilizarla como “carne de cañón” para
dar un golpe de Estado que acabaría con la Democracia, sus instituciones
y los logros alcanzados por la revolución bolivariana. Para
ello, masacraron a venezolanas y venezolanos de ambos bandos para
culpar, como efectivamente lo hicieron posteriormente, al presidente
constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Hugo
Chávez, creyendo que, con estas acciones, podían acabar con la fe, la
esperanza y el proyecto de un pueblo que, junto con su comandante,
comenzaba a trazar la senda de su propio destino. Lo que pocos saben del 11-A de 2002: Relato personal
- Un joven teniente desarmando al centinela de la primera alcabala de Tazón en Fuerte Tiuna: le quitó el fusil (fal), a punta de pistola, y posteriormente lo conminó a acostarse “boca abajo” colocándole luego la bota izquierda sobre el cuello del soldado.
- Cuatro cadetes, con uniforme deportivo, esperaban el desenlace de lo que consideraban extraño hasta que les hicimos seña y les gritamos “es un golpe de Estado” y les pedimos nos siguieran para pasar por la próxima entrada, cuestión que hicieron porque estaban con el proceso. Los cadetes, igual que nosotros, (3 militares activos resteados con la revolución y mi persona, un civil), dejamos los vehículos en un edificio que funcionaba como estacionamiento frente a Parque Central y nos dirigimos trotando a Miraflores.
- Tres soldados colocando “serpentinas” en la estación de servicio de Fuerte Tiuna.
- Más de cuarenta cámaras de televisoras nacionales e internacionales dispuestas al frente del Círculo Militar, evidencia del conocimiento que tenían los medios del golpe de Estado aún en proceso.
- Al frente de la marcha insurreccional estaban paramilitares, militares disidentes, traidores y/o en situación de retiro, así como militantes radicales de Bandera Roja, agrupación anteriormente de ultra izquierda. Estos personajes, algunos disimuladamente armados, que se mostraban y actuaban de manera muy violenta, dirigieron y direccionaron la marcha hacia Miraflores, orden impartida minutos antes por la dirigencia patronal y sindical comprometida con el golpe.
- En el medio de la marcha insurreccional se observaban amas de casa, señoras con niños en coches, en los hombros o cargados, hombres mayores, algunos vestidos a la usanza de los boy Scouts, otros con ropa de campaña, muchos jóvenes cantando consignas en contra de la revolución y el presidente Chávez. Entre ellos, como “agentes motivadores” algunos “cuadros medios” de los sectores comprometidos con el golpe de Estado, principalmente afiliados a la franquicia Primero Justicia.
- En Miraflores con el golpe en pleno proceso, Darío Vivas, en la tarima, hacía esfuerzos por contener a los revolucionarios quienes, armados de valor y conciencia, con piedras, palos y escombros, resistían los ataques producidos por las armas de la Policía Metropolitana, atrincherada en los vehículos antimotines “la ballena” y “el rinoceronte”, así como a los francotiradores que disparaban a mansalva contra la gente indefensa.
- Un joven de unos veintitrés o veinticuatro años, con la camisa blanca ensangrentada, por auxiliar a los camaradas heridos, solicitaba a viva voz, incluso en algún momento “le arrancó” el micrófono a Darío y gritaba desde la parte baja de la tarima: “la policía metropolitana nos está matando, entréguenos las armas”.
- Freddy Bernal, muy activo ese día y en días sucesivos, perseguido y uno de los más buscados por los golpistas, tomó el micrófono y dijo: “Esta revolución, es democrática pacífica y constitucional, nosotros no tenemos armas, las armas las tiene las Fuerzas Armadas”.
- Aristóbulo Istúriz entrando a Miraflores con paso decidido y con un revolver en la parte de atrás de la pretina de su pantalón.
- Juan Barreto, tan odiado por la contrarrevolución, bregaba cuerpo a cuerpo desde la parte baja de Puente Llaguno, más concretamente desde la Avenida Baralt.
- Cuando muchos “dirigentes picaron cabo”, incluso algunos que actualmente ostentan puestos de toma de decisiones, Guillermo García Ponce aclaró aún más a los comprometidos “hay amenaza de que bombardearán Miraflores si el presidente Chávez no renuncia. Nosotros no vamos a permitir que al presidente lo renuncien, para ello debemos permanecer aquí. Ellos no van a bombardear Miraflores si nosotros no nos movemos de aquí, por lo menos lo van a pensar mil veces. Nosotros seremos el escudo humano protector del Comandante Chávez”. La ovación todavía retumba hoy día por esos lares.
- Una vez el presidente Chávez decide salir de Miraflores a Fuerte Tiuna, la orden fue dispersarse y atrincherarse, esperar órdenes para actuar bajo otras circunstancias.
- A pocas horas, regresando a nuestros lugares de origen, los tres militares y quien escribe escuchábamos en la radio del carro la emisora RCR. Allí, Anna Vaccarella, ancla de la extinta RCTV, para entonces pareja sentimental del peligroso Leopoldo López y hoy en tratamiento por padecer un cáncer muy agresivo, junto con un cura, no sé si Mikel de Viana, llamaba por teléfono, con el sonido en "on", para saber si el presidente Hugo Chávez había escapado del país por la Carlota o por Maiquetía, llegando a entrevistar al para entonces Capitán Vielma Mora, a quien acusaba públicamente de funcionario del régimen y muy cercano al presidente
Artículo original de: www.mensajedirecto.com.ve


