"El poder de la pasión y la pasión por el poder", es la frase que se puede leer en el primer póster de lo que será la nueva serie de Sony Pictures Television, llamada Hugo Chávez, El Comandante.
Creo que es suficiente leer esas 11 palabras, para suponer que no se tratará de la verdadera historia del líder de la revolución socialista, ya que indican de forma explícita, que sentía una exaltación especial por el poder, cuando por el contrario, fue un hombre que expresó la mayor muestra de amor, al trabajar hasta los últimos días de su vida por el bienestar de los pueblos, que habían sido históricamente oprimidos.
Tampoco augura nada bueno, que los medios que reseñan el pronto inicio de las grabaciones de esta serie, indiquen con énfasis, en una especie de comparación, que será el actor colombiano Andrés Parra, quien personificó en el pasado a Pablo Escobar Gaviria –uno de los principales narcotraficantes de Colombia- el encargado de darle vida a Chávez, en esta oportunidad.
Esto no suena a otra cosa, que a un nuevo intento por borrar de la memoria de los tantos seguidores a nivel mundial, que aún ven como un referente de lucha y victoria al comandante Chávez, lo que fue y sigue siendo su ideal político.
Ya lo han intentado en otras oportunidades, en series como: Homeland –la favorita de Obama-, específicamente en el tercer capítulo de la temporada 3, llamado La Torre de David. A pesar de haber sido grabado en Puerto Rico, este episodio, es ambientado en una Caracas sumergida en la pobreza y el narcotráfico, y el lugar donde se encuentra retenido el protagonista, llamado Nicholas Brody, se muestra deteriorado, más no abandonado, ya que las paredes del sitio donde deambulan hombres armados, están pintadas con frases y dibujos alusivos al chavismo.
Igualmente en la serie The Good Wife, en el capítulo Asuntos exteriores, presentan un juicio entre una empresa petrolera estadounidense y una venezolana, el presidente Hugo Chávez, aparece como un personaje más de la serie, y es señalado como dictador.
Otro ejemplo, es la serie transmitida por Sony Entertainment Television, -¡Si, el mismo Sony!- llamada Parks and Recreation, donde realizan una parodia del gobierno de Chávez, presentando a un personaje ataviado con una vestimenta muy parecida a la de los militares venezolanos y que se comporta de forma arrogante e irrespetuosa.
Y por ahí sigue la lista... No sólo conformada por series, sino también por películas y videojuegos, que si bien, no nombran directamente a Hugo Chávez, hacen referencia a los militantes del chavismo de manera negativa y mencionan a Venezuela, como un país violento.
Pero allí no termina todo, ojala sus intenciones fuesen solo desvirtuar la figura de un líder internacional. No es secreto, que además de su inmenso poder militar, EEUU tiene un arma gigante bajo su poder, y no es otra que una enorme industria audiovisual, cuyo núcleo principal yace en Hollywood, y a su vez manejan empresas a nivel mundial, como Sony Pictures Televisión, que producen series y películas, con fines más oscuros que el entretenimiento.
Por años hemos sido bombardeados con éxitos de taquilla y raiting televisivo, que han intentado posicionar en nuestras mentes la idea de que Estados Unidos, es el salvador universal, y han puesto sin ningún descaro como enemigo, a su objetivo de turno. Lo hicieron con los soviéticos, con los asiáticos, los árabes y ciudadanos musulmanes e incluso con los indios nativos de América del Norte, todo esto con un fin.
Ganarse la aceptación del ciudadano común es mucho más fácil, cuando te pones nombre de súper héroe y te vistes con barras y estrellas coloridas, y de paso colocas al villano más malo y terrorífico, con acento ruso o lo pones a leer el Corán antes de cometer sus fechorías.
Caso representativo es el de la película Rocky IV en la cual se veía al boxeador norteamericano protagonista del largometraje, siendo el héroe en una lucha feroz en el ring contra un boxeador soviético. En el filme no solo se evidencia la superioridad del país del norte sobre otro, sino también se ver escenas donde se muestra las supuestas condiciones de miseria y corrupción vividas en la entonces Unión Soviética. No es casualidad que esta película haya sido presentada en 1985 en el marco de la Guerra Fría, que se dio entre ambos países.
Esto logra generar en el espectador un sentido de pertenecía con la figura presentada como el bueno. Tanto lo llegan a querer y respetar que se puede aceptar la invasión a países contrarios y la desaparición de vidas inocentes bajo la justificación de vencer al enemigo, que puede ser catalogado como una amenaza inusual y extraordinaria para el imperio gringo y sus intereses.
Pensémoslo bien, no habrá quien se resista a una “ayuda humanitaria” que lamentablemente termina por convertirse en bombardeo, si indican que es con la intención de acabar con “los malos” de las películas. Como lo hicieron y hacen con los países del Medio Oriente, luego de crear falsos estereotipos con personajes árabes ligados al terrorismo.
Su intención es familiarizar al público con la guerra y crear la necesidad de que una mano “amiga” tuerza el brazo de aquellas figuras negativas que ven en las pantallas.
No hablo de que el mundo esté lleno de mentes frágiles, pero sí nos enfrentamos a maquinarias psicológicas poderosas, capaces de persuadirnos con buenas actuaciones, algunas luces, efectos, vestuario y maquillaje.
No se trata de ser profeta del desastre, pero los hechos pasados dejan al desnudo las pretensiones de querer violentar los sistemas gubernamentales del mundo, comenzando por la mente de sus ciudadanos.
La historia de Hugo Chávez, esa de lucha por los más necesitados, de amor por un pueblo y de convicciones inquebrantables, está presente en millones de ciudadanos alrededor del mundo. No debemos permitir que eso se pierda en el tiempo.
Tal vez no tengamos al alcance de nuestras manos las herramientas para hacer creaciones como las de Hollywood, pero si tenemos la verdad de nuestro lado, usemos las cosas más simples para hacer lo más hermoso, mantener vivo un legado. Esto también significa defender la soberanía nacional a toda costa, comenzando por negarnos a que entren en nuestras cabezas las ideas falsas que nos transmiten a través de sus producciones. Y por el contrario mostremos lo real con lo que esté al alcance de nuestras manos.
Artículo original de: mensajedirecto.com.ve




